Son pequeños, por eso no llegan a considerarse planetas. Son independientes, mucho más que los grandes cuerpos celestes, que viven sujetos a las leyes gravitatorias. Situados entre Marte y Júpiter,
los asteroides van un poco a su órbita... pero sin salirse nunca del
Sistema Solar.
La vida en estas estrellas se rige por parámetros un poco extraños para nosotros, los habitantes de la Tierra. En 1946, un piloto francés tuvo la enorme fortuna de conocer a un turista llegado a nuestro planeta. Procedía del asteroide B-612, se llamaba
El Principito, y su encuentro fortuito tuvo lugar en el desierto del Sáhara.
Extractos de ese encuentro fueron publicados en un libro de niños -escrito para mayores- y, gracias a
Antoine de Saint-Exupéry, miles de personas descubrieron la diferencia entre un sombrero y una serpiente boa engullendo a un baobab.